Lector LXXXVII

Figura inspirada en la cita de B. F. Skinner “No deberíamos enseñar los grandes libros, deberíamos enseñar el amor por la lectura” La cita pone el foco no en los contenidos, sino en la actitud y la motivación del lector. Skinner sugiere que el verdadero objetivo de la educación no debería ser la transmisión mecánica de obras consideradas “canónicas”, sino la formación de un vínculo genuino y duradero con la lectura.

Enseñar únicamente los “grandes libros” corre el riesgo de convertir la lectura en una obligación académica, asociada al examen, al análisis forzado o al miedo a interpretar “mal” un texto. Cuando esto ocurre, la lectura pierde su dimensión de placer, curiosidad y descubrimiento. Muchos estudiantes terminan rechazando los libros no porque carezcan de valor, sino porque fueron presentados como imposiciones ajenas a sus intereses y experiencias personales.

En cambio, fomentar el amor por la lectura implica crear experiencias positivas alrededor de los textos: permitir la elección, respetar los gustos individuales, conectar las historias con la vida cotidiana y valorar la lectura como un espacio de libertad. Cuando una persona desarrolla el hábito y el placer de leer, tarde o temprano llegará por sí misma a los grandes libros, con una disposición más abierta, crítica y profunda.

Desde esta perspectiva, los grandes libros no pierden importancia, pero dejan de ser el punto de partida para convertirse en una consecuencia natural. Quien ama leer no necesita ser obligado a enfrentarse a las obras clásicas: las buscará porque desea comprender, disfrutar y ampliar su mundo. Así, Skinner nos invita a repensar la educación literaria como un proceso de formación del deseo, más que de acumulación de títulos, entendiendo que el amor por la lectura es una herramienta mucho más poderosa y duradera que cualquier lista de lecturas obligatorias.









Material: Madera y acrílico
Medidas: 35 x 15 x 7 cm.
Obra única.
Disponible.












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